“La vida y la muerte me parecían fronteras imaginarias que yo rompería el primero, con el fin de esparcir después un torrente de luz por nuestro tenebroso mundo. Una nueva especie me bendeciría como a su creador, muchos seres felices y maravillosos me deberían su existencia. Ningún padre podía reclamar tan completamente la gratitud de sus hijos como yo merecería la de éstos. Prosiguiendo estas reflexiones, pensé que, si podía infundir vida a la materia inerte, tal vez, con el tiempo (aunque ahora lo creyera imposible), pudiera devolver la vida a aquellos cuerpos que, aparentemente, la muerte había entregado a la corrupción.”
Este fragmento pone claramente de manifiesto cuáles eran las aspiraciones iniciales de Víctor Frankenstein al proponer su tarea. En este proyecto ha volcado, y seguirá volcando hasta conseguirlo, todo su esfuerzo. El doctor quiere cruzar el límite que supone la creación de vida por parte de los humanos.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la medicina ha superado barreras que parecían imposibles: el trasplante de órganos, el control de la natalidad, el cultivo de tejidos, la manipulación genética, la clonación... Muchas de ellas han supuesto beneficios innegables para la humanidad.
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